Historias de una gitana
Giro mi muñeca para ver mi reloj. Tenía que encontrarme con mi amigos a
las 8, eran las 6 cuando vi que en el metro anunciaban la llegada a la estación
de debía bajarme. Sabía que iba a llegar muy temprano, pero quise hacerlo para
ir a presenciar ese hermoso atardecer, en la ciudad donde vivo ahora, Lima, una
franja anaranjada que se alinea con el mar para dejar morir un día más. Baje
unas cuantas estaciones después, que daban más cerca al malecón y caminé hacia
un parque donde pude sentarme, sé que si pasar por ese parque aún están las
bancas, que si hablaran, señores, son testigos de muchas historias. Al apreciar
el atardecer me di cuenta que en la banca de al frente se encontrar una señora.
No sabía por qué, pero sabía que la conocía. Recordé que la vi hace un año,
aproximadamente, pero ya mucha agua ha corrido.
Si vives en Lima, sabes que no es normal la actitud que tomé, me levanté
y me acerqué: señora disculpe, pero pasé por aquí hace un año y me acuerdo
haberla visto, es hermoso verdad, apreciar el atardecer”
Ella-“Qué coincidencia, mijo”
Yo- “Estaba de pasada, y justo la note porque miraba al atardecer con
mucha pasión”
Ella- “Mijo, este atardecer me llena, no me entristece, ni me pone
nostálgica, como otras ancianas te dirían, con este fue testigo de que a la
vida la he bailado hasta las últimas consecuencias”
Yo-“Y lo bailado nadie se lo quita” y ella suspiro
Yo-“Tengo tiempo aún, mis amigos llegan aún en dos horas, me gustaría
saber por qué dice ello si no le parece muy atrevido de mi parte, señora”
Ella-“Mijo, capaz sea muy atrevido, pero la vida a mi edad me ha llenado
de experiencias, de las cuales he aprendido mucho, y no sería mala idea
compartirlo contigo, pareces un buen muchacho”
Yo- “Gracias”, (me sonroje) y ella volvió a
suspirar y miró directamente al mar y comenzó por relatarme sus historias
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